
El perro tiende más a buscar la energía positiva, está más cercano con lo que sienten las personas. El gato, en tanto, tiende a buscar los vórtices de energía donde hay más caos, la absorbe y, de alguna manera la ordena.
En este punto se sustenta, en parte, la vinculación que se hacía del gato con las brujas, entendiéndolas a éstas como personas capaces de manejar las diferentes energías del ambiente y por el uso, positivo o negativo, que de ellas hacían. Esta energía caótica por un lado nutre al gato y por otro, el gato protege a la persona.
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